Enfurecidos murmuran políticos y académicos, liberales y conservadores de EUA, en reacción al artículo reciente del NY Times en que Putin habla al pueblo norteamericano: “¿Quién se ha creído [este matón de la KGB] para darnos lecciones de legalidad y democracia?”
Un peculiar rasgo de la ecología humana se da cuando las élites convencen al pueblo de ser tan “excepcional” que no se le aplican las reglas que rigen para todos los demás. Este “excepcionalismo” norteamericano es el que Putin ha tenido la osadía de denunciar.
La historia muestra otros, como el del Imperio Inglés que pretendiendo civilizar instaló un sistema colonial despiadado y explotador; la supuesta supremacía de la raza aria con que Hitler justificó sus atrocidades; la dictadura del proletariado comunista por la que se dieron los genocidios más grandes de la historia con la complicidad y silencio de las élites de izquierda en todo el mundo. La “excepcionalidad” justificaba todo.
El “excepcionalismo” norteamericano es complejo y de hondas raíces. Desde la bíblica “ciudad en la colina” que iluminaría a todas las naciones, se han considerado con un destino divino de ofrecer al mundo un modelo ejemplar de democracia, capitalismo y virtudes cívicas. Esto justificó el ocupar todo el continente desplazando a los nativos, mejicanos y otras potencias, como posteriores iniciativas de hegemonía continental y global.
Su afán en promover el incuestionable don de la libertad y la democracia ha encubierto, para muchos, intereses económicos, y ha justificado para otros, eximirse de restricciones morales y legales- las cortes internacionales, por ejemplo- arguyendo sus nobles intenciones y particular misión. En esto, Obama no ha sido distinto de Bush, como lo han mostrado las recientes revelaciones sobre las políticas de seguridad nacional.
Más aún, Obama no se ha limitado al imperialismo económico y militar. Al hacer una prioridad de su política exterior la promoción del aborto, la anticoncepción y la validación del estilo de vida gay, está pretendiendo imponer conceptos culturales y morales sin respetar la diversidad e identidad de otros pueblos y tradiciones culturales y religiosas. Este abuso ha provocado que líderes africanos, y de otros países de Europa y Medio Oriente digan en sus propias palabras “¿Quién se ha creído…?”
Quizá por eso es que ha dolido tanto el artículo de Putin, alertando que el emperador Obama está desnudo.
