Johannesburgo 2002 marcó un hito en las conferencias ambientales que empezaron con Estocolmo 1972. Fue la primera ocasión en que las llamadas ONGs, iniciativas asociativas privadas, tomaron un rol protagónico en las discusiones y acuerdos.
Escribo desde Brasil, donde los ciudadanos de a pie vienen protestando contra el gobierno del partido de los trabajadores. ¿El pueblo se rebela contra los defensores del pueblo? Indiferente a la ideología, acá, en medio oriente, en Norteamérica y Europa, las personas se rebelan contra un orden político y económico por el que se sienten cada vez menos representados. El ideal democrático ya no consuela a los se ven víctimas de gobiernos desconectados de todos los que ellos valoran.
¿Quién rige la vida de las personas y sociedad? Eso está el núcleo de la controversia. Aunque muchas veces abusaban, las monarquías tenían fueros y límites definidos. Hoy, amparado en la democracia, un gobierno puede espiar y mandar matar a sus propios ciudadanos arguyendo razones de seguridad nacional. El pobre que sufre desempleo, falta de atención médica, persecución de cobradores y embargos apoyados por la fuerza legal y policial del gobierno que dice representarlo… no tiene donde ir.
Un aporte de Tomás de Aquino fue insistir en que la vida política de los pueblos no es el mayor bien al que pueden aspirar. Esto es la raíz de la teoría constitucional de gobierno limitado. El origen de la sociedad no es el contrato social. La ecología humana básica es la familia, y las familias se organizan para el espacio y fines comunes que los exceden. El gobierno existe para atender las necesidades de las personas y sus familias, o sea, para servir.
El modelo de gobierno liberal cree que la democracia le otorga sabiduría y poder universal, para crear un nuevo hombre y una nueva sociedad; incluso con una nueva moral. Esta convicción mesiánica le hace intolerante de crítica y le impide la humildad de reconocerse servidor de su pueblo en un ámbito limitado. De allí la legítima protesta ante una clase económica y política totalitaria en la práctica.
Toca pues, a los ciudadanos de a pie, a las personas capaces de pensar, de amar y actuar con libertad, reclamar su espacio. Hay que tomar iniciativa personal, como familia, como vecinos y en esas iniciativas asociadas, ONGs y otras. Esto, para ganarle espacio a los gobiernos y ayudar a construir un espacio más humano.
