Por contaminación se entiende comúnmente los residuos químicos u orgánicos que hacen daño a otras formas de vida o desequilibran los ecosistemas. El uso se ha extendido por analogía a otros efectos dañinos donde el exceso o la disonancia con el medio produce distorsión, como en la contaminación visual, sonora o incluso cultural. La contaminación puede provenir de fuentes humanas o naturales. Por ejemplo, el dióxido de azufre, una de las causas de la lluvia ácida, proviene naturalmente de volcanes, rayos, incendios forestales, océanos y descomposición biológica a razón de 80-280 millones de toneladas anuales, mientras que el de origen humano llega a unas 70 millones de toneladas anuales.
La contaminación visual de recursos publicitarios tanto en zonas urbanas como en carreteras no solo afea el paisaje sino que distrae o produce aturdimiento, desconcentración y niveles de estrés. La iluminación excesiva impide observar las estrellas y cuando incluye rápidas variaciones de intensidad y color diseñadas para llamar la atención, redunda en el aturdimiento y estrés mencionados. El ruido también produce estrés y en muchos casos daña la capacidad auditiva. La agresividad de los mensajes publicitarios, políticos, noticiosos o reñidos con la moral, sean auditivos o visuales, aturde, estresa y ofende la sensibilidad de las personas.
Un hito en la contaminación fue en 1956 la detectada en especies marinas y pescadores en la bahía de Minamata, Japón. Era metilmercurio arrojado en el desague de la planta química Chisso. Pese a ello, el gobierno no detuvo la contaminación hasta 1968. Sabemos actualmente de enormes cantidades de mercurio que la minería informal arroja en nuestras aguas y suelos, y aunque el daño aún no se cuantifica con precisión, el gobierno tiene suficiente evidencia como para actuar con más urgencia y decisión.
A fines de los 60 la lluvia ácida de las emisiones industriales de dióxido de azufre en Gran Bretaña, llevada por los vientos y precipitada en grandes cantidades en Suecia, destruyó bosques y lagos. De allí que Suecia se ofreció a organizar en Estocolmo en 1972 la primera conferencia de la ONU sobre el medio ambiente. Desde entonces se vienen realizando cada 10 años y a la conciencia de ser globalmente corresponsables del medio ambiente, se ha sumado la preocupación por el desarrollo de los pueblos llegando al frágil consenso llamado Desarrollo Sostenible.
