El termino ecología viene del griego oikos que significa casa. Casa entendida como toda la unidad familiar política y productiva. Suponía la familia propietaria de las tierras, edificaciones, ganados, talleres y unidades de producción y comercio, así como todos los individuos y familias que trabajan en o dependían del conjunto. La buena marcha de la casa suponía un orden de armonía e integración y su decadencia o destrucción implicaba la ruina para todos.
Julio de 1962 marca un hito en el despertar a la conciencia de que nosotros, como humanidad, estábamos envenenando y por lo tanto, destruyendo nuestra propia casa. Rachel Carson publica Silent Spring, primero como serie de artículos en el New Yorker, y luego como libro. Carson venía con esta inquietud de años atrás. “Intoxicada con la sensación de su propio poder,” escribía, “[la humanidad] parece avanzar más y más en experimentos para la destrucción de sí misma y de su mundo.” Denuncia la irresponsabilidad de la industria química que bajo el aura de la ciencia y tecnología y movida por el afán de controlar los mercados y obtener más ganancias, esparcía toneladas de pesticidas químicos en los campos sin medir las consecuencias y su acumulación a largo plazo en la tierra, los cultivos, ganados y fuentes de agua. Asimismo cuestionaba el derecho moral del gobierno de aprobar el uso de estos productos sin ningún mecanismo de control, dejando a los ciudadanos vulnerables a sustancias que no podían físicamente evitar ni denunciar públicamente.
La hábil y apasionada pluma de esta mujer provoca un abrupto despertar al hombre, embriagado por el mito del progreso y el dominio de la ciencia sobre la naturaleza. La industria química invirtió un cuarto de millón de dólares de la época en tratar de desacreditarla, pero la alerta estaba dada. La noción de que no sólo envenenábamos la tierra sino que estos venenos volvían a nosotros en nuestros alimentos, aire y agua, destruye la idea que el progreso científico solo podía ser beneficioso. También disuelve la frontera entre el hombre y la naturaleza. Irrumpe la conciencia que somos parte del mismo ecosistema, permeables a lo bueno o malo que pueda contener.
Gracias a este y otros muchos esfuerzos, hemos despertado a la conciencia ecológica. Sabemos que compartimos la misma suerte que las demás creaturas en nuestros ecosistemas y en todo el planeta. Pese a ello, hay mucho aún por hacer.
La Humanidad despierta a la Ecología – El Comercio 2/7/13
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