En el invierno del 2001, un voluntario brasilero venido de los Estados Unidos llegó a una población marginal en el cono sur de Lima. Tenía mucho entusiasmo por ayudar, pero poca idea de por donde empezar. Quiso arreglar un área común hecha muladar, pero no logró interesar a nadie. Así pasaron días sin ningún progreso. Aunque no era creyente al final construyó algo donde puso una imagen de la Virgen María. Poco a poco, distintas personas empezaron a limpiar, luego a sembrar y con el tiempo el muladar pasó a ser un bonito parque. Luego las casas de los alrededores empezaron a pintarse y a tener jardines propios.
Esto ilustra la dinámica inversa de la teoría de “las ventanas rotas.” En 1969 un profesor de la universidad de Stanford, Phillip Zimbardo estacionó dos autos idénticos, uno en un barrio marginal del Bronx y otro en la exclusiva zona de Palo Alto, California. El del Bronx, al poco tiempo fue destruido y le fue robado todo lo servible. El de Palo Alto se conservó inicialmente. Luego, Zimbardo le rompió una ventana y en poco tiempo fue destruido como el del Bronx.
Posteriores experimentos mostraron que una casa desocupada, mientras se mantuviera limpia y cuidada, se conservaba. El que tuviera una ventana rota, rápidamente provocaba actos de vandalismo y destrucción. Inversamente, cuando alguien empieza a mantener limpia y pintada su fachada, siembra flores en su jardín y mantiene limpia su vereda, tarde o temprano empieza a “contagiar” a los vecinos.
Esto ilustra una realidad humana fundamental y se manifiesta en las dinámicas de interacción social. El entorno, nuestro hábitat, todo lo que conforma nuestra ecología humana, nos va influenciando y moldeando, a la vez que ese mismo entorno va siendo moldeado por nuestras acciones. Cuando cada persona actúa con responsabilidad social, conciencia cívica, integridad y buscando manifestar en nuestra vida lo más noble, generoso y excelso de lo que es capaz la persona humana, entonces contribuye a contagiar y motivar a los demás en ese sentido. Hay que sembrar en vez de romper ventanas. Si no, se empobrece la vida de todos. Así se vive con libertad y responsabilidad.
