Normalización de lo anormal – El Comercio – 24/9/13

La teoría de las ventanas rotas explica cómo en el ecosistema humano, síntomas o actitudes de descuido, abuso o vandalismo provocan o ‘contagian’ más del mismo tipo, mientras que muestras de urbanidad, ornato y civismo refuerzan la tendencia a estas conductas positivas.

En otra teoría concurrente, el senador demócrata de Nueva York, Patrick Moynihan en 1993, explica el fenómeno de ‘normalizar lo anormal’ (deviancy: referido a crimen o perversión) basándose en Durkheim y Erikson y estudios sociológicos a esa fecha. Ante un aumento de conducta anormal, hay tendencias a trivializar y tolerar lo que antes se consideraba inaceptable. Así, cuando se percibe en la sociedad que esas conductas son más frecuentes, se toma como un cambio irreversible. “Todos lo hacen” argumentan los jóvenes, y los padres ceden ante el ‘inevitable’ cambio en las costumbres.

Por eso es clave analizar el efecto del reporte Kinsey cuyo 60 aniversario hemos recordado recién. Fue un hito histórico y un romper tabúes afirmando que muchas perversiones y desviaciones sexuales eran muy comunes y difundidas en la población, y así abrió el camino a la llamada revolución sexual. “Si todos lo hacen”, debe ser “normal” y porqué no hacerlo yo también?

Pero, la “normalidad” de Kinsey era la población de cárceles, prostitutos y voluntarios a compartir lo que para la mayoría era tabú. Muchos, desde la Asociación Americana de Estadísticos hasta Maslow, concluyeron que el estudio no reflejaba la sociedad real. Sin embargo, el efecto de las ventanas rotas, basado en conclusiones falsas, ya se había dado.

Hoy, bajo la bandera del liberalismo secular, todo se quiere “normalizar”: diversos “tipos” de familias, el divorcio, el aborto, la pornografía, la pedofilia, el sadismo, el uso casual y recreativo del sexo y las drogas, y el sexo con animales. Ya por cansancio se “normaliza” la vulgaridad y obscenidad en la televisión, el incremento del crimen, la ineptitud de la burocracia, la corrupción de los políticos, el alcoholismo y los trastornos mentales. Vamos perdiendo sensibilidad y ya todo nos parece normal e inevitable.

Pero Moynihan alerta que estas conductas no son meramente opciones personales o cuestión de opinión. Tienen efectos negativos que se traducen en graves problemas de salud pública, mayor gasto público y descomposición social y que la respuesta empieza por resistirse a trivializarlo y aceptarlo como “normal”.

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